Reflexionando
Sí, esa persona se fue, pero las enseñanzas se quedan, la dicha de haber amado a esa persona, la memoria ungida de momentos inolvidables y la añoranza limpia de toda ira. Tarde o temprano, el vendaval del desconsuelo cede paso a una sosegada calma que surge desde adentro. Y es cuando comprendemos que todo ese sufrimiento, ese desgarrador padecimiento y ese terrible dolor cumplieron su cometido. Aprendiste de esta etapa y por eso fue provechosa. Había que sufrir para empezar de nuevo. Así es la sana resignación de quien sabe perder.
Walter Riso.
Walter Riso.